domingo, 4 de julio de 2021

Consecuencias.

Abrir la puerta con cuidado

porque ella suele estar detrás para recibirte

pero ya no está.

jueves, 11 de febrero de 2016

10000

Celebramos cumpleaños y aniversarios de boda: los 25 años de casados, los 50 e incluso los 75. En algunos países se celebran los quince años de la plena adolescencia. Celebramos el día de nuestro país y conmemoramos muertes de personajes históricos. Celebramos casi cualquier cosa.

Menos los días. Nadie se acuerda del día 5000 en la vida. O del día 10000.

El día 10000 cae recién cumplidos los 27 años. En mi caso fue el 3 de enero de 2014.

El día 10000 es único en la vida. Como celebrar 23 años, por ejemplo, pensarás. Claro, pero 10000 son 10000...

Ahora a esperar el 20000.

jueves, 28 de enero de 2016

Gente.

Cuando uno tiene problemas para relacionarse con la gente y establecer vínculos duraderos, quizás el enigma de la ecuación a resolver sea uno mismo, y no los demás.

jueves, 21 de enero de 2016

Cohete.

El cohete salió lanzado con la efervescencia propia del descorchamiento de una botella de champagne. Con una velocidad distinta, eso sí, como si se tuviera que sacudir la pereza de encima, pero in crescendo. Con parsimonia, poco a poco toma velocidad y apunta directo al cielo que se presenta como diana inmensa para este dardo gigante.

Sube y sube. Atraviesa diversas capas atmosféricas una tras otra (no me preguntéis el nombre de ellas, no soy astrofísico o lo que sea que estudie eso) y deja tierra atrás. Atrás deja la Tierra, que cada vez se vuelve más redonda, más pequeña. Menos importante, más insignificante. Atrás quedan las leyes, atrás quedan las personas, atrás quedan las guerras, atrás quedan las compras, atrás quedan los políticos, atrás quedan las normas, atrás quedan las empresas, atrás quedan las autopistas, atrás quedan los automóviles, atrás quedan los barcos, atrás quedan los aviones, atrás queda la contaminación, atrás quedan los problemas... atrás queda... absolutamente todo.


Pero el cohete no derrama ni una lágrima. No saca el bracito para decir adiós con un pañuelo como hacen en las películas. Entre otras cosas porque un cohete no tiene "bracitos", pero es que aunque tuviera no merecería la pena. Más que nada porque no siente ninguna.

Alzar el vuelo y dejar todo eso atrás es una idea maravillosa.

Y ya flotando en el espacio el cohete da media vuelta y le dedica un último vistazo a la Tierra. Con sus ojos herméticos de cohete contempla la diminuta esfera y se pregunta..."¿Cómo algo tan bello por fuera puede encerrar tantos peligros en su interior?".

jueves, 14 de enero de 2016

Abro los ojos...

Abro los ojos.
Un hombre con traje levanta su maleta. La coloca en el espacio reservado para el equipaje. Luego se sienta y abre su agenda.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Una anciana me pide amablemente que retire las piernas para sentarse al lado de la ventana, en el asiento de delante.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Una madre juega con su niño de dos años.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Tras la ventana, el paisaje va adquiriendo un color rojizo. El sol se esconde.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Una pareja de mediana edad ríe al tiempo que se miran a los ojos, escuchando la misma música, compartiendo auriculares.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Una niña juega con un cachorro de labrador. Éste le lame la mano y a ella le hace cosquillas.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Un joven de pelo rubio, rizado, escribe en su bloc de notas. La chica de al lado trata de ver lo que escribe. Él lo sabe y sonríe, sin que ella lo perciba. No se conocen. Aún.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
El revisor charla con una joven sentada en el otro lado del pasillo. Ríen. Se conocen. Cada tarde coinciden en el tren.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
El hombre con traje duerme, y escucha música. Descubro en su Ipod que le gusta Scott Walker. Sonrío.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
La noche nos cubre a todos. Las luces del vagón se tornan tenues. Es un momento en que la gente opta por dormir, leer o entregarse a la música. Es un momento para susurrar al compañero de al lado.
Ya no cierro los ojos.

Es mi momento.
Voy a escribir.

domingo, 31 de mayo de 2015

Sobre uno mismo.

Tengo un Porsche y poseo una multinacional presente en 282 países, algunos de ellos todavía por inventar. Uso billetes de 500 para encenderme los puros porque soy anticapitalista y odio el dinero. Amo a la gente pobre.

Soy elegante, refinado y de paladar selecto. Ceno cada noche en los mejores restaurantes de París, aunque viva en Barcelona. Mi jet privado me lleva a donde quiera en un abrir y cerrar de ojos.

Soy muy de regalar diamantes a las mujeres que fingen quererme sin yo saberlo.

Tengo un cuerpo atlético y una mente privilegiada. Alimento mi intelecto con libros de todas las disciplinas: medicina, astronomía, química, filosofía, psicología, arte. Asimismo, aprecio la música clásica. Acudo a óperas y conciertos, acompañado siempre de mi monóculo y sombrero de copa.

En la cama soy una bestia. Sin embargo, duermo como un bebé. Mis ronquidos casi imperceptibles evocan el romper de las olas en la playa, y mi suave respiración se asemeja a la fresca brisa marina.

Soy aventurero y me encanta viajar. He estado en 537 países y domino 28 lenguas. Practico deporte a menudo: escalada, buceo, tiro con arco, bicicleta, apalear focas...

Soy de espíritu generoso. Dono parte de mi fortuna a siete ONGs, entre las cuales destaca “Salvemos a las Focas”.

Tengo un millón de amigos sin ser Roberto Carlos. Amo a todo el mundo y todo el mundo me ama. En Facebook tengo 5000 amistades y cada día me intereso por sus vidas porque la amistad es un jardín de flores que hay que regar bien cada día y esas cosas.

Me encantan los animales. Tengo dos perros, tres canarios que no son de las islas, un dodo, una foca, un foco, dos ballenas, una que va vacía y un dinosaurio en estado fósil.

Y bueno, éste soy yo a grandes rasgos. Si deseas conocerme para amistad (con derecho a arrime), acariciar focas o comer sushi en París, no dudes en escribirme.

domingo, 12 de abril de 2015

Sueños.

Entré en la habitación y... ella estaba allí. Como antes, como la recordaba. Cuando estaba cansada o simplemente no tenía nada que hacer... se metía en la cama y dormía, o lo intentaba. Y entré en la habitación, en su habitación, y allí estaba... Acostada, de lado. Y sentí una alegría inmensa. Me acosté a su lado, la abracé, me acerqué al oído y le susurré lo mucho que la quería. Que aunque sabía que eso no era real, que en realidad ella allí no estaba, la quería... Y lloré. Y desperté.

Todavía hoy me reencuentro con mi madre en sueños.

viernes, 3 de abril de 2015

¿Se puede?

Cuando me preguntas por qué te miro de aquella forma es porque te echo de menos. ¿Se puede echar de menos a alguien que tienes al lado? Sí.

sábado, 18 de octubre de 2014

El otro primer beso.

Uno siempre se acuerda de su primer beso. Recordamos el lugar, la persona e incluso la fecha. El mío fue un 25 de marzo de 2005, hace casi diez años.

Pero hay otro tipo de "primer beso". El primer beso prohibido, el que no debe suceder.

Es ese beso que ves venir, que lo ves llegar, que nace del roce de labios y de la respiración excitada del uno sobre el otro. Es un vaivén de fuerzas que chocan en un mismo punto del espacio, sin llegar a tocarse. Es sentir el aliento del otro agitadamente, conteniendo tu corazón que desea salir por la boca. Llega un momento en que esa situación se vuelve insostenible y el roce se convierte en contacto, cálido y húmedo. Y llega la antesala del beso: el mordisco en los labios. Como quien paladea un vino antes de llevarlo al estómago...

Pero el acto prohibido todavía no se ha consumado. Hay vuelta atrás. Rozar, morder... no es besar.

Sólo que en ese punto ya no hay vuelta atrás. Y el (otro) primer beso llega.

Y es infinitamente mejor que el primero.

Necesito decirlo.

Que todavía te quiero muchísimo...

lunes, 22 de septiembre de 2014

No te necesito.

No te necesito;
pero te deseo tanto
como un vaso de agua
en un día caluroso.

domingo, 31 de agosto de 2014

lunes, 18 de agosto de 2014

Felicidades, mamá.

Hoy todo el mundo me felicita a mí, pero yo me acuerdo de ti.

Siempre fuiste tú la primera persona en acordarte de mi cumpleaños. Incluso días antes te encargabas de recordar en casa que faltaban "x" días para mi cumpleaños. Y lo mismo hacías con mi santo. Este año se me pasó totalmente. No estabas tú para recordármelo.

Me acordé también de aquel día de julio de 2006, en el que yo estaba triste porque acababa de romper con mi novia. En casa de la tía Pilar, comiendo, y yo ausente y en silencio, con la mirada triste. Sabíais que me pasaba algo. Pero yo no decía nada.

Al final no pude aguantar más y te llevé al lavabo para explicarte qué me pasaba. Que las cosas con ella no habían ido bien y que habíamos decidido dejarlo. No pude contener las lágrimas. Rompí a llorar y me dejé caer en tus brazos. Nunca en 20 años había necesitado tanto un abrazo tuyo.

Fue uno de mis días más tristes. Sin embargo, ahora es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de  ti, de nosotros.

Felicidades a ti. Hoy, en mi día, me acuerdo de ti.

miércoles, 13 de agosto de 2014

jueves, 7 de agosto de 2014

Bergamo - Atenas: lo memorable.

Cosas memorables a modo de lista, para hacerlo menos pesado:

– Si tienes que ir del aeropuerto a la ciudad, hazlo caminando. Verás cosas y pondrás a prueba tu orientación.

– También puede ser que te pierdas. En ese caso, pregunta. Mejor si es en el idioma local. Puede que una anciana intente orientarte con escaso éxito o que un señor decida llevarte hasta el centro de la ciudad.

– Jugar al ajedrez contra uno mismo es una magnífica forma de pasar la tarde. Si es acompañado de un café y algo para comer, mejor.

– Una familia italiana súper maja nos llevó unos cuantos kilómetros en la dirección que necesitábamos. Alucinaron con nuestro viaje. Nos dieron cuatro euros para cenar algo en la estación de servicio donde nos dejaron.

– El primer señor al que preguntamos en esa misma gasolinera nos escuchó atentamente. Puso su gasolina. Fue a pagar. Volvió y nos dijo que subiéramos al coche. Eran las once de la noche. Nos llevó durante una hora y media hasta la misma entrada de Venecia.

– Venecia es una ciudad sucia y llena de ratas de tamaño considerable. De noche, además, parece un parque de atracciones abandonado. No tiene nada de romántica, pero merece la pena por su singularidad.

– Esa noche dormimos en la Piazza San Marco. Al aire libre. Bajo la torre veneciana.

– Un par de chicos polacos que estaban de viaje nos llevaron de Venecia a Trieste. No tenían una ruta fija. Simplemente les dijimos a dónde íbamos y se sumaron a la misma dirección. En Trieste estuvimos poco más de una hora. No nos convenció la ciudad. Compramos la cena en un supermercado, jugamos al ajedrez y entonces uno de ellos se ofreció para llevarnos hasta nuestro próximo punto. Después de que uno de ellos fuera a buscar el coche donde lo tenía aparcado, les entraron las prisas. No sabemos por qué, pero subieron al coche, pusieron música electrónica de "serial killers" y nos condujeron a 160 km/h por carreteras de máximo 80km/h. No pasé más miedo en todo el viaje. Llegar, llegamos, con las piernas temblando. Fueron muy simpáticos en general pero esta ida de olla nocturna nos dejó confundidos.

– Llegamos a Koper un poco cargados de prejuicios. Estábamos en Eslovenia y no sabíamos qué encontraríamos. Pues todo lo opuesto. Una ciudad limpia, con vida nocturna y muy buena iluminación. Esa noche dormimos en el césped de una pequeña plaza del centro, con algunos chavales alborotando cerca.

– Saliendo de Eslovenia dimos con un señor que no hablaba nada de inglés pero que se ofreció para llevarnos unos cuantos kilómetros. Al bajarnos de la furgoneta, aprovechamos la cola del semáforo para preguntar a los coches de atrás si nos podían llevar. Un par de chicos accedieron. Les preguntamos en inglés. Contestaron en español. Eran de Barcelona.

– Cruzamos la frontera hacia Croacia con ellos. El policía del control les preguntó: "¿Por qué os reís? ¿Qué es tan divertido?". Nos detuvieron un buen rato. El policía le dijo al conductor que le enseñara la marihuana, que en ese caso sólo habría multa, que si el perro la encontraba habría multa y arresto de tres días. Nos dio 15 minutos para "cantar". No cantaron. El perro que tenía que acudir para realizar la inspección estaba "ocupado". Menudo farol. Al final nos dejó marchar, no sin antes recordar la catástrofe de España en el Mundial. Risas. Si ese tío supiera que yo iba con Croacia...

– Entonces llegamos a Zadar, Croacia. De día es una cosa, de noche es otra. La gente sale a las calles y de repente todo se llena de vida y color. Los edificios que de día parecían feísimos, de noche tienen cierto encanto. Esa tarde me tomé un merecido Nesquik.

– Esa noche dormimos en una barca pesquera, en el puerto de Zadar. La mejor noche del viaje.

– Al día siguiente coincidimos por primera vez con otro autoestopista. De nombre Michael, era alemán. Iba en la misma dirección que nosotros. Hablamos, intercambiamos datos de contacto y nos despedimos.

– El mar de Split huele fatal, pero la ciudad es bonita. De noche, especialmente recomendable.

– Dormimos en las afueras de Split. Saliendo por la carretera, encontramos un punto de compra-venta de furgonetas y camionetas usadas. Vimos un remolque ligeramente inclinado y nos metimos dentro. Algo duro, pero un lugar tranquilo.

– Nos costó la vida llegar a Dubrovnik, pero lo logramos. Allí nos reencontramos con Michael, por pura casualidad. Él pasaba la noche en una casa; nosotros estuvimos dos horas de reloj buscando un sitio medio decente para dormir. Al final pasamos la noche bajo la mesa de piedra de un merendero en un pequeño recinto para jugar a fútbol en las afueras. La peor noche, aunque hubo calma.

– Si costó llegar, más costó salir. Después de varios autoestops, entramos en Montenegro a pie y al poco rato una pareja española nos llevó unos kilómetros hasta Kotor. La entrada a Montenegro es preciosa, con el mar rodeado por todos los costados de montañas de importante altura. En Kotor decidimos saltarnos el guión y tomamos un autobús hacia Podgorica, la capital. Hicimos bien. A partir de ese momento comenzó a diluviar como nunca. Y encima con niebla espesa.

– Una vez en la estación de Podgorica, compramos el billete a Skopje. Decidimos no hacer parada en Kosovo. Queríamos ganar tiempo. Y mientras esperábamos el autocar, cenamos. Cenamos bien. Cenamos MUY BIEN. Cenamos como nunca lo hicimos en la vida. Increíble, pero la mejor comida que hemos probado en el viaje ha sido en la capital de Montenegro, en una cafetería de estación con aspecto turístico. Se llamaba Ciao Café. Tengo que darles cinco estrellas en tripadvisor.

– Suerte que cogimos el autocar a Skojpe. El trayecto de éste por Kosovo discurrió entre carreteras completamente a oscuras y sin ningún coche que informara de presencia humana alguna. Dios mío, de la que nos libramos. Entre frontera y frontera, un policía subía al autocar y revisaba todos los pasaportes. Eso sucedió hasta cuatro veces: al salir de Montenegro, al entrar en Kosovo, al salir de Kosovo y al entrar en Macedonia. Y cada vez el proceso duraba media hora. Dos horas de viaje entre fronteras.

– Esa noche dormimos en el autocar, cruzando Kosovo durante varias horas.

– Una pareja montenegrina-estadounidense se conoció en el autocar muy al estilo Before Sunset. Nos enteramos de todo.

– Macedonia es un país de aspecto precario, incluso la capital. Vale, de acuerdo. Apenas visitamos nada, pero lo poco que vimos no invitaba a adentrarse en ella. Decidimos salir rumbo a Grecia nada más llegar.

– Una de las personas que nos recogió era un azafato de una aeerolínea de bajo coste para destinos de países del este. Un contacto interesante.

– La siguiente persona era de Macedonia, pero había estado en EEUU. Por motivos de seguridad, antes de dejarnos entrar en el coche, nos hizo una foto y se la envió a su hermano. No fuera a ser que le apalearamos o algo. Al cabo de un rato de cogernos confianza, nos invitó a participar en un documental suyo sobre el burek, un alimento típico de la zona. Nosotros sólo teníamos que probarlo al tiempo que dábamos nuestra opinión (en nuestro idioma) y él nos grababa. Detuvo el coche en una pequeña ciudad, buscamos un supermercado, compró el burek junto con un yogurt bebible y entonces grabamos la escena sentados en un banco. Curiosa experiencia. Con suerte será proyectado en un festival de Chicago.

– Nos dirigimos a la frontera con Grecia a pie. Por la carretera. En determinado momento, haciendo autoestop, un coche se detuvo y nos dijeron que eran policías (mentira). Nos preguntaron si llevábamos pasaporte y nos enseñaron una supuesta identificación policial. Mi amigo les dijo "sí, sí, llevamos pasaporte, vamos a Grecia y ahora entraremos en esa gasolina a comprar agua. Adiós". Y nos marchamos de allí. Eran mafiosos. Se quedaron con un palmo de narices.

– De camino hacia la frontera, a escasos metros, apareció un policía en el arcén (esta vez vestido como tal). Nos preguntó a dónde íbamos y de dónde éramos. Nosotros dijimos que del mono y que era el misterio de la vida, pero no le hizo gracia. Es broma. Le explicamos que éramos autoestopistas y que íbamos a cruzar la frontera a pie. Realmente era policía. A unos metros de la autopista, en un camino de tierra colindante, apareció el jeep policial que confirmaba lo que decía ser. No nos pusieron problemas. Fueron simpáticos y nos dejaron marchar sin más, a pie. La primera buena impresión griega.

– Esa noche la pasamos en un área de servicio. Durmiendo sobre césped. Un área con césped, grande, tranquila, con cafetería 24 horas, enchufes gratis, comida rica, lavabo. EL PARAÍSO. Y una hora antes estábamos perdidos, en una carretera oscura, al lado de una gasolinera desierta. ¿Desierta? No, del todo no. En ella encontramos a una chica muy simpática que con mapa en mano se dispuso a orientarnos. Al poco de despedirnos de ella, apareció su chico y se ofreció para llevarnos en coche a dicha gasolinera. Nos salvaron.

– Al día siguiente, una pareja de jóvenes griegos nos salvó de morir en un punto muy malo de una carretera solitaria. Estábamos en la entrada a la autopista, donde poco antes nos había dejado otro coche. Y no pasaba nadie. Tuvimos que maximizar cada coche que pasaba por ese punto. Y pasaron dos. Nada. El tercero lo detuvimos. Eran simpáticos, quería llevarnos pero no disponían de espacio. Eran un chico y una chica que se iban unos días de vacaciones al sur de Grecia. El maletero y los asientos de atrás estaban repletos de cosas. Les insistimos en que SÍ CABÍAMOS (mentira). Y nos dejaron entrar. ¿Sabéis el Tetris? Pues Pedro era el bloque de cuatro piezas y yo ésa con forma de L. Aguantamos en el coche media hora. Podían llevarnos a Atenas, pues ellos pasaban la ciudad de largo, pero decidimos conservar nuestras piernas y hacer noche en Atalanti, un pequeño pueblo pesquero sin turistas, la mar de tranquilo. La pareja, al despedirnos, nos regaló dos pimientos, tres tomates y un melón. Ah, la hospitalidad griega...

– Esa noche cenamos en un restaurante familiar, a primera línea de playa. La propietaria era muy amable y servicial, hasta un punto casi exagerado. Nos pedimos dos ensaladas griegas bastante notables. Con queso feta a raudales.

– Jugar al ajedrez en la Akropolis de Atenas es una forma excelente de conocer gente de cualquier punto de la Tierra. Un señor indio jugó una partida contra mí. Y también nos cuestionó acerca de la situación política en Cataluña. Previamente, un joven japonés nos había tomado unas fotos jugando una partida e incluso quiso fotografiarse con nosotros. Éramos el verdadero espectáculo de la zona.

Y esto es todo lo que recuerdo. El próximo viaje, menos y mejor.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Cosas de dormidos.

Personas muertas que, una vez en la tumba, cambian de posición. Se dan media vuelta, se acuestan de lado... Cosas de dormidos.

miércoles, 26 de febrero de 2014

En el metro.

En la línea 3 del metro, en un vagón cualquiera, una mujer lee sonetos y un hombre juega al ajedrez.

Y eso está bien.

miércoles, 19 de febrero de 2014

.

"Porque sé que estamos hechos el uno para el otro. Normalmente, cuando se me ocurre una cosa se me ocurren otras a la vez: algo que me dice "sí", algo que me dice "no"... Y ahora todo me dice "sí". ¿Cómo es posible que de lo único que he estado seguro en mi vida esté equivocado?"

lunes, 10 de febrero de 2014

El problema.

—Pasemos a la siguiente llamada... ¿Hola?

—Sí, hola.

—Hola, buenas noches. ¿Nos podrías decir tu nombre?

—Me llamo *****

—Un placer, *****. ¿Por qué nos llamas? Te escuchamos.

—Sí, veamos... Quería exponeros un problema.

Hace unos meses conocí a una chica... Nos separaba una distancia considerable, pero no pensamos en ello y durante varias semanas estuvimos escribiéndonos. Hablábamos de todo y mucho. Transcurrido un tiempo, pasamos al teléfono y nos convertimos en nuestra particular historia de medianoche, ésa que nace de conversaciones en susurros justo antes de acostarnos. Finalmente, impacientes, escogimos una fecha para vernos y me dirigí a su encuentro.

Aquel encuentro fue de película, mejor de lo que ambos habíamos imaginado. Al despedirnos acabamos tristes, pero paradójicamente felices, porque habíamos tenido miedo de que algo se torciera y, por suerte, fue todo lo contrario. Nos dijimos adiós sabiendo que iba a haber una segunda ocasión, al menos.

El segundo encuentro fue mágico. Las sensaciones de la primera quedada se repetían. Como si por segunda vez nos volviéramos a conocer. El vínculo cada vez era más intenso y todo parecía un sueño. De nuevo, nos despedimos más contentos que tristes, porque sabíamos que iba a haber una tercera ocasión, al menos.

El tercer encuentro fue especial. Hubo algo significativo que nos dejó huella. Un punto de inflexión. Un cambio de dirección. No sé bien qué fue, pero desde ese día que cada vez que pienso en ella me invade la felicidad y sonrío, no tanto con la boca como con el alma. "Es perfecta", me digo.

Y ése es mi problema. Que mi historia de medianoche se ha convertido en la historia de mis amaneceres, mediodías, tardes y madrugadas. Que si me falta, muero. Que ya no soy más quién solía ser porque ya no soy más sólo yo, sino yo y ella, ella y yo. No soporto la idea de no tenerla, no sentirla, no escucharla, no besarla, no quererla, no amarla. Que una parte de mí depende de ella... y eso me asusta.