Tú.
Tú, que me comprendes cada gesto, sin tener que mediar palabra.
Tú, que cubres cada centímetro de mi cuerpo, incluso en la distancia.
Tú, que adivinas mis pensamientos, sin necesidad de que yo diga nada.
Tú, que me llenas de certeza con un abrazo, me sonríes y sosiegas mi alma.
Tú, que me recuerdas a los días de lluvia, los que gustan, los que invitan a quedarse en casa.
Tú, que me tocas cada tecla, acorde a mi deseo, melodía reposada.
Y yo.
Y yo, que anhelo un café contigo, una tarde perdidos, charlando hasta la madrugada.
Y yo, que repaso tus cartas, escritas a mano, de letra divertida, joven y alborotada.
Y yo, que deseo que me abrigues, que incluso en verano te prefiero de bufanda.
Y yo, tan pequeño, tan vulnerable, tan indefenso ante una sencilla mirada.
Y yo, que a las tantas de la noche claudican mis ojos, sin despedida, ni dulce, ni amarga.
Y yo, que sueño con que fueras real, en este lugar e instante, y que me deshicieras la cama...
viernes, 12 de abril de 2013
jueves, 4 de abril de 2013
Cuatro palabras
¿Sabes qué es el dolor? Dolor es que la persona por la que estarías dispuesto a cometer cualquier locura te abandone sin motivo. Que de un día para otro te dé la espalda y te diga que ya no le interesas para nada.
Hiciste todo por ella. Te arriesgaste. La soñaste. La cuidaste. La amaste.
Y, sin embargo, desde ese preciso instante todo se desvanece, los recuerdos se apagan y de todo ello ya no queda ni la belleza, ni la alegría, ni las sonrisas, ni la química, ni la pasión ni la suerte. Porque todo ha sido consumido en cuatro palabras escupidas en tu cara.
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