jueves, 14 de enero de 2016

Abro los ojos...

Abro los ojos.
Un hombre con traje levanta su maleta. La coloca en el espacio reservado para el equipaje. Luego se sienta y abre su agenda.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Una anciana me pide amablemente que retire las piernas para sentarse al lado de la ventana, en el asiento de delante.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Una madre juega con su niño de dos años.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Tras la ventana, el paisaje va adquiriendo un color rojizo. El sol se esconde.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Una pareja de mediana edad ríe al tiempo que se miran a los ojos, escuchando la misma música, compartiendo auriculares.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Una niña juega con un cachorro de labrador. Éste le lame la mano y a ella le hace cosquillas.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
Un joven de pelo rubio, rizado, escribe en su bloc de notas. La chica de al lado trata de ver lo que escribe. Él lo sabe y sonríe, sin que ella lo perciba. No se conocen. Aún.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
El revisor charla con una joven sentada en el otro lado del pasillo. Ríen. Se conocen. Cada tarde coinciden en el tren.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
El hombre con traje duerme, y escucha música. Descubro en su Ipod que le gusta Scott Walker. Sonrío.
Cierro los ojos.

Abro los ojos.
La noche nos cubre a todos. Las luces del vagón se tornan tenues. Es un momento en que la gente opta por dormir, leer o entregarse a la música. Es un momento para susurrar al compañero de al lado.
Ya no cierro los ojos.

Es mi momento.
Voy a escribir.

domingo, 31 de mayo de 2015

Sobre uno mismo.

Tengo un Porsche y poseo una multinacional presente en 282 países, algunos de ellos todavía por inventar. Uso billetes de 500 para encenderme los puros porque soy anticapitalista y odio el dinero. Amo a la gente pobre.

Soy elegante, refinado y de paladar selecto. Ceno cada noche en los mejores restaurantes de París, aunque viva en Barcelona. Mi jet privado me lleva a donde quiera en un abrir y cerrar de ojos.

Soy muy de regalar diamantes a las mujeres que fingen quererme sin yo saberlo.

Tengo un cuerpo atlético y una mente privilegiada. Alimento mi intelecto con libros de todas las disciplinas: medicina, astronomía, química, filosofía, psicología, arte. Asimismo, aprecio la música clásica. Acudo a óperas y conciertos, acompañado siempre de mi monóculo y sombrero de copa.

En la cama soy una bestia. Sin embargo, duermo como un bebé. Mis ronquidos casi imperceptibles evocan el romper de las olas en la playa, y mi suave respiración se asemeja a la fresca brisa marina.

Soy aventurero y me encanta viajar. He estado en 537 países y domino 28 lenguas. Practico deporte a menudo: escalada, buceo, tiro con arco, bicicleta, apalear focas...

Soy de espíritu generoso. Dono parte de mi fortuna a siete ONGs, entre las cuales destaca “Salvemos a las Focas”.

Tengo un millón de amigos sin ser Roberto Carlos. Amo a todo el mundo y todo el mundo me ama. En Facebook tengo 5000 amistades y cada día me intereso por sus vidas porque la amistad es un jardín de flores que hay que regar bien cada día y esas cosas.

Me encantan los animales. Tengo dos perros, tres canarios que no son de las islas, un dodo, una foca, un foco, dos ballenas, una que va vacía y un dinosaurio en estado fósil.

Y bueno, éste soy yo a grandes rasgos. Si deseas conocerme para amistad (con derecho a arrime), acariciar focas o comer sushi en París, no dudes en escribirme.