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sábado, 3 de agosto de 2013

Pensó.


A estas alturas ya se estará dando
cuenta del error —pensó.
Y no, nunca se dio cuenta;
no hubo error,
ella fue feliz; y él no.

lunes, 29 de julio de 2013

Lo siento.



—Lo siento.
—Yo también lo siento.

Y no estaban hablando de perdón;
se estaban declarando el uno al otro.

domingo, 28 de julio de 2013

Caracol.

*Toc toc toc*
Y no contestó nadie.
*Toc toc toc*
Y no contestó nadie.
*Toc toc toc*
Y no contestó nadie.

Y era realmente extraño,
llamar a la casa de un caracol,
y que tuviera por único inquilino,
simplemente: al aire.

sábado, 20 de julio de 2013

Medio.

Y si veía el vaso medio lleno, no era por optimismo,
sino para poder tragarse
sus propias palabras.

martes, 16 de julio de 2013

Fin.

Y llegó a su fin la historia más bonita jamás contada.

Jamás contada.

domingo, 12 de agosto de 2012

Nº 66

Avanzo por un pasillo largo, estrecho y oscuro. A derecha e izquierda encuentro un montón de puertas numeradas. La número 52, la 53, la 54... Y en mis manos sostengo una llave. Sigo avanzando pensando en cuál será la puerta que me lleve a ti. "Ésta no, ésta tampoco, ésta tampoco...", sin saberlo realmente, pero dejándome llevar por la intuición, voy descartando puertas.

Avanzo... avanzo... avanzo...

En una de ellas me detengo.
La observo un rato.
Y pienso.
Miro la llave.
Pienso.
Miro la puerta.
Paso de largo.
Sigo avanzando.

62, 63, 64...

Estás tras la puerta 66. Bajo las sábanas de tu cama, oculta. Semiahogada por voluntad propia contra la almohada, como si quisieras desaparecer a través de ella. Escuchas mis pasos y me sientes cerca. Piensas "ojalá pruebe con esta puerta, ojalá pruebe con esta puerta". Escondida, pero deseando ser encontrada.

Y me detengo ante la número 65. Justo detrás de mí queda la 66. Pero la número 65 es la que inicialmente me atrae la atención. Pasados unos minutos me giro de repente y dirijo la mirada a la puerta con el número 66. Hago un ademán de continuar mi avance, pero me detengo y pienso...

Sesenta y seis... Sesenta y seis...

Por alguna razón, la sonoridad del número me es familiar.

Deslizo la llave a través de la cerradura...

martes, 5 de junio de 2012

Trofeos.

Por más que lo intento no puedo dejar de ver a las mujeres como algo especial, único e irrepetible. Mis amigos me lo repiten constantemente: “eh, ya está bien de que trates a las mujeres como si cada una de ellas fuera una persona y no un trofeo”, pero no soy capaz. Me gustaría poder estar con muchas, una distinta cada fin de semana, y no tener que preocuparme de mantener conversaciones interesantes con ellas, ni de llamarlas al día siguiente de pasar una noche juntos, o de interesarme por su vida en el día a día. Pero no, soy así de superficial. La especialidad para mí es lo importante, y me gusta tratarlas como trataría a un amigo de todo la vida, sólo con la diferencia de que puedes llegar a intimar con ellas físicamente. Ya sé cómo suena todo esto y lo que pensaréis. Que soy un hombre horrible que sólo pienso en algo más allá del sexo. Pues sí, soy así.