sábado, 18 de octubre de 2014

El otro primer beso.

Uno siempre se acuerda de su primer beso. Recordamos el lugar, la persona e incluso la fecha. El mío fue un 25 de marzo de 2005, hace casi diez años.

Pero hay otro tipo de "primer beso". El primer beso prohibido, el que no debe suceder.

Es ese beso que ves venir, que lo ves llegar, que nace del roce de labios y de la respiración excitada del uno sobre el otro. Es un vaivén de fuerzas que chocan en un mismo punto del espacio, sin llegar a tocarse. Es sentir el aliento del otro agitadamente, conteniendo tu corazón que desea salir por la boca. Llega un momento en que esa situación se vuelve insostenible y el roce se convierte en contacto, cálido y húmedo. Y llega la antesala del beso: el mordisco en los labios. Como quien paladea un vino antes de llevarlo al estómago...

Pero el acto prohibido todavía no se ha consumado. Hay vuelta atrás. Rozar, morder... no es besar.

Sólo que en ese punto ya no hay vuelta atrás. Y el (otro) primer beso llega.

Y es infinitamente mejor que el primero.

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